novela de la revolucion mexicana

La novela de la revolución Mexicana, va en contra de lo estático, pero también en pro de las cosas cambiantes; mismo que se buscaba en ésta época dentro del territorio Mexicano; En éste tipo de obras es muy usado un elemento gramatical; las ironías; las cuales, con burlas de mayor grado, tratan de castigar la mala acción. Los novelistas de ésta época, tratan de levantar ánimos en las guerras; no hablan de matar de alguna forma la injusticia; todo aquello que no se quiera. La novela de la revolución mexicana, es mayormente escrita por autores del pueblo; de clases sociales bajas, pero que sabían que no podían pelear de forma física, sino de forma literaria; así que éstos se deciden a escribir contra el gobierno, contra injusticias, contra el presidente, y en general, la autoridad. Es como un tipo de adolescencia para la literatura mexicana; es un tipo de literatura rebelde donde se quiere que se gane la mayoría; donde se quiere que haya justicia y que todos seamos iguales.
La Novela revolucionaria es una corriente literaria mexicana cuyas novelas fueron escritas por autores que estuvieron presentes en la Revolución mexicana. Sus autores más importantes son Francisco L. Urquizo, Martín Luis Guzmán y Mariano Azuela.

Autores y Obras

En cada una de las novelas de la Revolución, dicen especialistas, se describe la vida cotidiana de los combatientes en los campos de batalla, las costumbres, las modas, las formas de convivencia y de expresión, dibujando el entorno social, político y militar, e incluso pintoresco, que dominaba en la etapa revolucionaria.
Mariano Azuela (Los de abajo), Martín Luis Guzmán (La sombra del caudillo y El águila y la serpiente), Francisco Luis Urquizo (Memorias de campaña, Tropa vieja y ¡Viva Madero!), Agustín Yáñez (Al filo del agua), José Mancisidor (La asonada) y José Rubén Romero (Desbandada), forman parte de este conglomerado de escritores que fundan, sin pretenderlo en muchos sentidos, la comúnmente conocida como novela de la Revolución.

A este grupo también pertenecen Mauricio Magdaleno (El resplandor), Nellie Campobello (Cartucho), Gregorio López y Fuentes (Tierra, El indio y Mi general), Rafael F. Muñoz (¡Vámonos con Pancho Villa!), Agustín Vera (La revancha), Fernando Robles (La virgen de los cristeros), José Vasconcelos (Ulises Criollo) y John Reed (México insurgente: la revolución de 1910), sólo para ilustrar el vasto número de escritores y de novelas que surgieron a propósito de la gesta.
Movimiento poético de vanguardia surgido de las tertulias que iniciara Rafael Cansinos-Assens en el Café Colonial de Madrid a finales de 1918 a través de la revista Ultra y como reacción contra el modernismo de Rubén Darío. Se destacan los escritores: Ramón Gómez de la Serna y Juan Ramón Jiménez.
Es un movimiento típicamente latinoamericano y el único de importancia que proliferó en América latina entre 1920 y 1930.
Su centro fue Buenos Aires y Jorge Luis Borges fue su mayor exponente. En el ámbito local estaba en contra la preponderancia de Leopoldo Lugones. Se basaba en la revalorización de la metáfora y en el verso libre, ya que la rima fue desterrada.
El movimiento se difundió a través de varias revistas españolas: Los Quijotes, Grecia, Cervantes, Ultra, Horizonte, etc. y en la Argentina: Prisma (1921), en la que colaboraron, entre otros, Borges, Eduardo González Lanuza y Guillermo de Torre y también en Buenos Aires se publicó Proa, bajo la conducción de Borges. Desaparecida esta publicación, sus integrantes pasaron, en su gran mayoría, a la revista Martín Fierro, hito en el desarrollo de la literatura argentina.
El movimiento quedó disuelto al dejar de publicarse públicamente la revista Ultra en la primavera de 1922.
Es importante destacar la relación del ultraísmo con los movimientos coetáneos de vanguardia: el futurismo, el cubismo, el dadaísmo.
Movimiento poético de vanguardia surgido de las tertulias que iniciara Rafael Cansinos-Assens en el café colonial de Madrid a finales de 1918 y como reacción contra el amaneramiento de los seguidores del modernismo de Rubén Darío.
Así lo explica un ultraísta como Guillermo de torre: como una violenta reacción contra la era del rubenianismo agonizante y toda su anexa de cantores fáciles que habían llegado a formar un genero híbrido y confuso, especie de bisutería poética, producto de feria para las revistas burguesas. Opinión semejante tiene Jorge Luis Borges, quien, no obstante, acabara renegando de sus orígenes ultraístas.
Fue importante en su gestación, además, el paso del poeta chileno Vicente Huidobro y su defensa del creacionismo. El movimiento se difundió a través de varias revistas, entre las que se encuentran Los Quijote, Grecia, Cervantes, Ultra, cosmópolis, Horizontes, Vértices, entre otras. Además de los antecedentes españoles, entre los que se mencionan a Ramón Gómez de la Sema y Juan Ramón Jiménez, es importante destacar la relación del ultraísmo con los movimientos coetáneos de vanguardia: el futurismo, el cubismo, el dadaísmo.
Son sus rasgos fundamentales: la condensación metafórica, la eliminación de nexos inútiles, el avance de la “imagen refleja o simple”, según los comentarios de Gerardo Diego, hacia la “imagen múltiple” que supone la identificación más plena entre poesía y música, el valor plástico de la disposición tipográfica, herencia directa de los caligramas de Apollinare. Los poetas ultraístas más notorios fueron, además de los ya citados: Juan Larrea, Pedro Garfias, Adriano del Valle, Eugenio Montes, José Rivas Panedas, Rafael Lasso de la Vega, Isaac Vando-Villar, entre otros. El movimiento quedo disuelto al dejar de publicarse públicamente la revista Ultra en la primavera de 1922.